LA NOCHE OBSCURA DEL ALMA

Este blog es una reflexión sobre la noche obscura del alma como un camino de regreso al Ser. Cuando la vida sacude todo lo externo, nos invita a mirar hacia adentro, soltar lo falso y recordar la verdad, la luz y la esencia que siempre han habitado en nosotros.

DESPERTAR DE CONCIENCIA

Gabriela Juvera

3/14/20264 min leer

Todo se conmovió

Hay etapas en la vida en las que ya no se cae solo una cosa. Se mueve todo.

Se mueve el dinero.
Se mueve la seguridad.
Se mueve la compañía.
Se mueve la pareja.
Se mueven las amistades.
Se mueve el trabajo.
Se mueve el propósito.

Y cuando todo aquello en lo que te sostenías comienza a cimbrarse, parece que la vida se rompe.

Pero no siempre se rompe.
A veces, purifica.

Eso es lo que hoy comprendo de la noche obscura del alma.

No la veo como castigo. La veo como un proceso sagrado en el que la vida retira lo que ya no puede sostener mi verdad.

Cuando no solo se mueven las circunstancias, sino la identidad

Lo que se está moviendo en mí no son solo las circunstancias.
Es la identidad desde la que viví durante mucho tiempo.

La que sobrevive.
La que controla.
La que huye.
La que se desespera.
La que carga demasiado.
La que da sin medida.
La que se traiciona.
La que no se elige.

Esa versión de mí no está siendo corregida.
Está siendo disuelta.

Y aunque eso duele, también libera.

Porque en su lugar comienza a revelarse la mujer que vine a encarnar: una mujer que brilla, que ama con límites, que habita su verdad, que no se abandona para sostener nada ni a nadie, que confía, que recibe, que crea, que vive guiada por algo más profundo que el miedo.

Una mujer presente.
Empoderada.
Sostenida.
Sabia.
Verdadera.

La noche obscura del alma comienza cuando ya no puedes traicionarte sin sentirlo

Hoy entiendo que el universo permitió que todo se conmoviera para que yo pudiera dejar de vivir desde la supervivencia.

Para que se cayera lo falso.
Para que saliera lo esencial.
Para que quedara solo la intención pura.

La noche obscura del alma comienza cuando ya no puedes traicionarte sin sentirlo.

Y eso es exactamente lo que me está pasando.

Ya no puedo seguir viviendo desde el miedo.
Ya no puedo seguir sosteniendo identidades que no honran lo que soy.
Ya no puedo seguir llamando amor a lo que me vacía.

Mirar lo que estuvo en la sombra

También entiendo algo más: para salir de aquí con victoria, tengo que mirar todo lo que mi alma me está pidiendo ver, sin esconderme.

Mirarlo con la valentía con la que nací.

Porque eso que permaneció en la sombra, en un cuarto obscuro dentro de mí, es precisamente lo que está llamando para ser visto, amado e integrado.

Lo que escondí.
Lo que fui.
Lo que no me permitieron ser.

Tal vez porque era ruidosa.
Alegre.
Sensual.
Intensa.
Llena de vida.
Tal vez porque ocupaba mucho espacio.
Tal vez simplemente porque era yo.

Y ahora entiendo que esta etapa no me está pidiendo perfeccionarme.
Me está pidiendo volver. A lo que admiro en otros y es mi ser diciéndome que es lo que me hace falta integrar en mi.

Volver al Ser, no al personaje

El personaje ya no tiene cabida en mi vida.
Ya no puede seguir guiando mi destino.
Solo el Ser consciente que siempre he sido merece ahora ocupar ese lugar.

Hoy lo veo con claridad: gran parte del dolor nace cuando intentamos seguir viviendo desde una identidad que ya expiró.

Por eso este proceso no se trata de reconstruir el personaje.
Se trata de recordar al Ser.

Ese ser que no necesita fingir.
Ese ser que no necesita esforzarse para merecer amor.
Ese ser que no necesita reducirse para pertenecer.
Ese ser que no necesita sobrevivir, porque sabe vivir.

El reino de los cielos vive dentro

Por eso hoy comprendo de una manera más profunda aquellas palabras de Yeshua: que nadie entrará en el reino de los cielos si no vuelve a ser como un niño.

Y sí, así lo siento.

Porque el reino de los cielos no es un lugar lejano.
Es un estado interno.
Vive dentro de nosotros.

Y solo cuando volvemos a ese ser espontáneo, verdadero, alegre, vivo, libre y confiado, podemos entrar otra vez en ese reino interior.

Ese ser que no duda de su valor.
Ese ser que no pide permiso para existir.
Ese ser que ama, ríe, siente, se expresa y habita la vida sabiendo, en lo más profundo, que ya tiene todo.

Tal vez de eso se trata realmente este proceso:

dejar de vivir desde el personaje que aprendió a sobrevivir, para volver al ser original que sabe vivir.

No me estoy perdiendo, estoy regresando

Por eso, aunque esta etapa ha sido intensa, hoy la miro con gratitud.

Porque ahora sé que no estoy perdiéndome.
Estoy regresando.

Regresando a mi centro.
A mi verdad.
A mi fe.
A la mujer que siempre estuvo dentro de mí, esperando el momento de nacer sin máscaras, sin miedo y sin negociación.

Mi alma ya sabía que este proceso sería necesario.

Y hoy también sé que no soy la única.
Todos, en algún momento, somos llamados a soltar lo que ya no está alineado con nuestra esencia.
Todos somos invitados a atravesar fuego interno para recordar quiénes somos de verdad.

Por eso esta etapa no se trata solo de dolor.
Se trata de evolución.
De conciencia.
De regreso.

Sigo caminando esta noche obscura del alma con fe.

No porque tenga todas las respuestas, sino porque por primera vez siento que, aun cuando todo se movió, lo más verdadero en mí permanece.

Y eso basta.

Porque la mujer que vine a ser no está lejos.

Está naciendo.

¿Qué hacer si estás ahí?

No corras, observa con honestidad.

Haz esto:

1. Nombra lo que se está cayendo
Escribe:

  • ya no soy…

  • ya no quiero

  • ya no puedo seguir…

2. Nombra lo que está naciendo
Aunque aún sea borroso:

  • empiezo a desear…

  • empiezo a ver…

  • mi alma me pide…

Te abrazo