LOS DOMINGOS QUE DUELEN

Cuando la tristeza de la infancia vuelve a tocar la puerta

SANACIÓN EMOCIONAL

Gabriela Juvera

12/7/20251 min leer

Hay días que activan memorias antiguas sin que nos demos cuenta.
Para mí, los domingos siempre han tenido un matiz de tristeza. Hoy volvió a aparecer esa sensación, y mi cuerpo lo recordó incluso antes que mi mente: esa mezcla de melancolía, silencio y vacío que se instala cuando empieza a caer la tarde.

Me senté a reflexionar y entendí de dónde venía.
Cuando era niña, los domingos tenían dos caras. Por un lado, estaban los momentos bonitos: mi papá dándome mi “domingo”, las comidas familiares en restaurantes, las canciones que aún hoy me regresan a esa emoción infantil. Pero debajo de todo eso había una dinámica silenciosa, un ambiente que se sentía triste, distante… y mi sistema nervioso lo registró así: como soledad, como nostalgia, como una niña que no se sentía vista.

Y esa memoria —aunque la vida haya cambiado por completo— a veces sigue hablando.

Hoy, cuando sentí esa misma tristeza aparecer, hice algo distinto.
Respiré 4 + 2 + 6 para calmar mi sistema nervioso y me dije: “Eso ya no es tu realidad, Gaby.”
Pero también escuché la voz de mi niña interior diciendo: “Me siento triste.”

Y esta vez no la ignoré.

Le hablé.
Le dije que la veía, que era suficiente, que estaba conmigo. Le di lo que siempre esperó: presencia, validación y maternaje interno. Y en ese instante, algo muy antiguo dentro de mí se liberó. La tristeza se diluyó. Era como si esa niña solo necesitara que alguien —yo misma— la mirara de verdad.

Si tú también has sentido que ciertas emociones regresan sin explicación, te dejo algo que a mí me transformó:
Háblale a esa parte interna de ti que se quedó esperando una palabra, una mirada, un “te veo”.
A veces, lo que más duele no es la memoria… sino lo que no se dijo en aquel momento.

Cuando aprendemos a escucharnos, el alma por fin descansa.