REGRESAR A MI: EL RENACER INTERNO DE UNA MUJER CONSCIENTE

Un texto sobre el hermoso renacer que ocurre cuando una mujer deja de buscar afuera y empieza a habitarse de verdad.

DESPERTAR DE CONCIENCIA

Gabriela Juvera

3/27/20263 min leer

Regresé a mi verdadero yo

Hay momentos en la vida en los que una mujer se da cuenta de que ya no puede seguir viviendo desde el ruido.

Ruido mental.
Ruido emocional.
Ruido externo.
Ruido de vínculos que desordenan.
Ruido de lugares que saturan.
Ruido de una vida que por mucho tiempo pareció normal, pero que en realidad no estaba en verdadera coherencia con su alma.

Y entonces algo cambia.

No siempre se rompe todo por fuera.
A veces el cambio sucede en silencio.
A veces no hay un gran anuncio.
Sólo un día te das cuenta de que ya no disfrutas lo que antes tolerabas.
Que ya no te alimenta lo que antes te distraía.
Que ya no te mueve lo que antes te activaba.
Que ya no estás buscando afuera lo que por fin empezaste a encontrar dentro de ti.

Eso fue lo que me pasó.

Hoy puedo decirlo con verdad: regresé a mi verdadero yo.

Y no hablo de convertirme en alguien nueva.
Hablo de volver a quien siempre fui, debajo de las heridas, del piloto automático, de la reacción, de la necesidad de sostener lo que no estaba claro y de la búsqueda constante de algo afuera que me hiciera sentir completa.

Volver a mí ha sido un renacer interno.
Y es hermoso.

Porque ahora mis días ya no nacen desde el caos.
Nacen desde identidad y conciencia.

Cada mañana siento que mi vida es un papel en blanco.
No un vacío.
No una incertidumbre.
Una belleza.

Una posibilidad viva.

Y desde ahí, algo dentro de mí empezó a afinarse.

Hoy amo ir al parque con mi perro.
Correr.
Mirar los árboles.
Sentirme en el ambiente de ellos.
Respirar.
Estar.
Habitar el instante sin necesitar que algo extraordinario ocurra para sentirme viva.

Ya no veo películas.
Ya no veo series.
Ya no leo noticias.
Ya no consumo por consumir.

Hoy sólo dejo entrar en mí lo que me alimenta por dentro.

Y eso ya no es un esfuerzo.
Ya se volvió mi estado de conciencia.

Antes no lo había entendido con tanta claridad, pero ahora sí: cuando una mujer empieza a habitarse más, deja de encontrar placer en lo que antes le servía para distraerse del vacío, del estrés o de sí misma.

Eso no es pérdida.
Es refinamiento.

Es discernimiento.

Es empezar a elegir desde un lugar mucho más profundo.

Hace poco lo vi con mucha claridad. Fui a un centro comercial a buscar un regalo para un bebé y algo en mí ya no se sentía bien ahí. No podía escoger. Me sentía agobiada. Todo me parecía demasiado. Demasiado estímulo. Demasiado exceso. Demasiado ruido visual y energético.

Y entonces entendí algo más:

Lo que hoy me llama ya no es lo llamativo.
Es lo verdadero.
Lo limpio.
Lo armonioso.
Lo que tiene paz.

Eso no es exageración.
Es conciencia.

Mi sensibilidad cambió.
Mi energía se refinó.
Mi forma de mirar la vida se transformó.

Y por eso también cambiaron mis vínculos.

Lo único que realmente me interesa ahora es mi orden interno.
Mi centro.
El Todo.
La conexión divina en mí.

Y cuando una mujer vuelve a ese lugar, las personas dejan de tener el poder de definir su paz.

Ahora tu referencia es otra.

Tu verdad.
Tu conciencia.
Tu conexión.
Tu paz.

Eso no significa que dejes de amar.
Significa que ya no amas desde hambre.
Amas desde presencia.

Y ahí está la verdadera transformación.

No en hablar bonito de conciencia.
No en aparentar paz.
No en repetir conceptos espirituales.

La verdadera transformación sucede cuando tu sistema deja de necesitar ruido para sentir algo.
Cuando tu alma empieza a pedir belleza limpia.
Cuando tu cuerpo reconoce qué lugares ya no combinan contigo.
Cuando tu energía se vuelve más selectiva.
Cuando tu vida deja de ser una reacción al mundo y empieza a ser una creación desde tu estado interno.

Eso es volver a ti.

Eso es regresar a tu verdadero yo.

No es convertirte en alguien ajena a ti.
Es recordarte.
Es quitar capas.
Es dejar de negociar con lo que no se siente verdadero.
Es renacer desde adentro.

Y sí, es hermoso.

Porque en ese renacer no te pierdes.
Te encuentras.

Hoy elijo vivir así

Con más presencia.
Con más verdad.
Con más orden interno.
Con más conexión con lo divino en mí.
Con menos ruido.
Con menos exceso.
Con menos necesidad de buscar afuera.

Hoy ya no vivo para distraerme de mí.
Vivo para habitarme.

Y desde ese lugar, todo cambia.

Lo que elijo.
Lo que permito.
Lo que consumo.
Lo que amo.
Lo que sostengo.
Lo que dejo entrar a mi vida.

Porque cuando una mujer regresa a sí misma, ya no necesita que nada externo le explique quién es.

Ella lo sabe.

Y desde ahí, comienza a vivir de verdad.