MI MAMA MI GRAN MAESTRA

Cómo la enfermedad puede convertirse en un canal de aprendizaje y amor. A través de mi mamá comprendí que las personas enfermas vienen a enseñarnos compasión, empatía y propósito. Una reflexión sobre cómo, al comprender el dolor, también sanamos nuestra historia.

AUTOCONOCIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN

Gabriela Juvera

11/3/20253 min leer

🌿 La maestra que fue mi mamá y lo que entendí.

En un evento de transformación personal, viví algo que sé que no fue coincidencia. Tuve la oportunidad de conocer a Bruce Lipton, un reconocido doctor en epigenética que habla sobre el poder de los pensamientos, la energía y la coherencia.

Durante la conferencia, alguien le preguntó que hacer con un niño que tiene y está enfermo, y su respuesta me atravesó el alma:

“Las personas enfermas vienen a ser maestras de nosotros.”

Esa frase resonó tan profundo porque algo dentro de mí ya lo sabía… pero hoy lo comprendí desde otro lugar.

Mi mamá, mi gran maestra

De inmediato pensé en mi mamá.
A través de ella entendí el sufrimiento humano, cómo la enfermedad puede transformar por completo la dinámica familiar… pero también cómo puede despertar en nosotros una empatía inmensa hacia el dolor ajeno.

Ella sembró en mí esa sensibilidad. Gracias a su historia, aprendí a mirar la vida con más compasión y a comprender que detrás del dolor siempre hay un propósito más grande. Fue desde niña, desde que empecé a ver su dolor, los cambios, y mas adelante a proporcionar ayuda física, y a ver la lucha interna, su resilencia, la fuerza que la hacía caminar, nunca se quedó en casa, siempre atendió el negocio que tenia con mi papá y que ambos fundaron. Con el tiempo la enfermedad la fue deformando fisicamente y eso fue una lucha interna, de lo poco que recuerdo y percibía, su vida social se fue reduciendo, tal vez por pena, porque no quería que la vieran así o por el dolor que cargaba. Siempre con la cabeza en alto, siempre deseando salir adelante y siempre viendo por nosotros tres. Una persona admirable.

✨ Las almas que se cruzan por destino

En ese mismo evento conocí a dos mujeres. Una de ellas había formado parte de un grupo musical muy famoso cuando yo tenía 18 o 19 años. Me acerqué a saludarla y comenzamos a platicar con otra chica, Nadia, que también la reconoció.

Las tres conectamos al instante. En la plática supe que Nadia tiene artritis. En ese momento sentí una conexión muy fuerte con ella… algo me llevó directamente al recuerdo de mi mamá.

La observé caminar con dificultad, vi sus manos marcadas por la enfermedad, y sentí nuevamente ese peso en los hombros que solía acompañarme cuando veía a mamá sufrir. Fue un instante lleno de emoción, como si el universo me dijera: “Mira, aquí está otra lección para ti.”

Intercambiamos teléfonos, y en mi corazón sé que no fue casualidad.

🌺 Sanar hacia arriba y hacia abajo

Durante la conversación, Nadia me comentó que en su árbol familiar alguien también había cargado con esa enfermedad. Le respondí algo que desde hace tiempo siento con convicción:

“En mí termina toda herencia.”

Hoy entiendo la fuerza de esas palabras.
Vine a sanar mis generaciones: las que estuvieron antes y las que vendrán después.

Mi mamá fue mi gran maestra. Yo la elegí para aprender a través de ella.
Y no, no fue una coincidencia.

💫 Cuando comprendemos, sanamos

La vida siempre nos presenta espejos: personas, situaciones o encuentros que nos recuerdan lo que aún necesita ser abrazado y comprendido.
Nada llega por azar. Todo lo que se cruza en nuestro camino tiene una razón más profunda.

Hoy, miro al cielo y le digo a mamá:
Gracias.
Por enseñarme lo que el alma necesitaba aprender.
Por recordarme que incluso en el dolor… hay luz.

Si esta historia resonó contigo, tal vez también estés lista para mirar tu historia desde otro lugar. Si tienes a alguna persona enferma cerca de tí, esto podría ayudarte a ver la enfermedad desde otra perspectiva. Te abrazo.