VOLVER A MI: EL AÑO EN QUE SE ORDENO TODO POR DENTRO

Descripción de la publicación.

DESPERTAR DE CONCIENCIA

12/23/20254 min leer

Volver a mí: el año en que todo se ordenó por dentro

Al preguntarme qué fue lo mejor de este año para mí, la respuesta no vino de la mente, sino del alma: volver a mí.

Volver a habitarme.
A verme sin filtros.
A sentir sin huir.

Mi alma se permitió vivir.
Después de muchos años, dejé de vivir solo para cumplir, para sostener, para responder.
Me permití vivir para mí.
Reencontrarme al despertar, al amanecer.
Escuchar lo que necesitaba y dármelo sin culpa.
Elegirme en lo simple, en lo cotidiano, en lo verdadero.

Este año no me pidió correr más rápido ni lograr más cosas afuera. Me pidió detenerme, escuchar y asumir la responsabilidad completa de mi vida y de mis decisiones. Aprender a vivir desde la calma, atravesar la incertidumbre sin escapar y soltar el control que por años creí necesario para sentirme segura.

El verdadero viaje del héroe

Durante mucho tiempo pensé que el viaje del héroe era algo que les pasaba a otras personas. Hoy entiendo que este ha sido el mío.

Viajé a lo más profundo de mí, enfrenté mis dragones internos y regresé con el verdadero elixir: una conciencia libre, no atada a nada, alineada con la conciencia del Creador, del Todo, y con la alquimia perfecta que ocurre cuando el dolor se transmuta en sabiduría.

Ese viaje implicó soltar versiones antiguas. Agradecerlas. Honrarlas. Y dejarlas ir. Porque cuando un rol se convierte en identidad, deja de protegerte y comienza a limitarte.

Soltar para vivir en abundancia

Aprendí a soltar la personalidad construida desde la escasez.
Desde la carencia.
Desde el miedo.

Y fue entonces cuando algo se acomodó: comprendí que la abundancia no es una meta, es una frecuencia. Una forma de estar en la vida cuando ya no operas desde la supervivencia, sino desde la confianza.

Soltar fue una especie de muerte simbólica. Una que he vivido varias veces este año. Cada vez que agradecí a una versión pasada y acepté que ya no necesitaba seguir sosteniéndola.

Límites, autenticidad y verdad

Amé desapegarme de las máscaras sociales.
De la necesidad de encajar.
De un ser minimizado que ya no me representaba.

Amé verme en mi propio inframundo, y descender a lo mas obscuro de mí, entendí que el miedo a huir —como tantas veces lo hice— era justamente lo que más me alejaba de mí misma.

Solté relaciones de trabajo y amistad que ya no estaban alineadas con quien soy hoy. Honro lo vivido, pero reconozco que ya no soy la misma persona.

Puse límites. Para mí y para los demás. Y comprendí algo esencial: los límites no separan, definen. Me hicieron más íntegra, más auténtica, más yo.

El verdadero amor, el regreso a mi

Un ser me vino a mostrar mi misma alma. No para completar, sino para despertar. Un espejo que vino a mostrar patrones, heridas y memorias que necesitaban ser trascendidas.

Fue un vínculo que, al mirarlo cara a cara —adentro de su alma— me hizo recordar que eso era hogar. No un hogar externo, sino ese que me refleja por completo.

Ahí entendí qué el amor verdadero es el que me regresa a mi misma y está en mi. Hice un ebook con este tema.

Viajar para recordar quién soy

Los viajes que hice —especialmente a Costa Rica— me transformaron profundamente. Pude haber ido a Europa, pero esa tierra me llamó. A mí y a mi hija Mariana, mi compañera de vida. Entendí que no todos los viajes son elección; algunos son convocatoria.

Permití que esos lugares me recordaran la humanidad misma. Que me devolvieran a la autenticidad y no al ego. A sentir la vibración de los animales, de la tierra, de la vida en su estado más puro.

Me dejé maravillar. Conocí sin expectativas. Me adentré en la naturaleza no para escapar, sino para recordar quién soy.

El cuerpo como maestro

Descubrí el yoga como parte integral de mi vida. No solo como práctica física, sino como diálogo entre mente, cuerpo y conciencia.

Cada vez que le digo a mi mente que todo es posible, que soy flexible, mi cuerpo responde. Y ahí ocurre lo extraordinario.

Aprendí a honrar mi cuerpo con tiempo, con apapacho, con cuidado, con presencia, con amor y compasión. A sentirme suficiente en todo momento.

Crear desde el alma

Mis sueños dejaron de ser solo imágenes internas. La visualización se volvió experiencia. Lo invisible comenzó a manifestarse en lo visible.

Inicié un podcast. Construí mi marca personal. Comencé a poner en acción aquello para lo que mi alma vino a esta tierra: dar, guiar y contribuir con la humanidad desde la conciencia.

En ese camino llegaron personas que me sostuvieron y me apoyaron. Cada uno, desde su servicio, aportó luz, acompañamiento y presencia. Los honro profundamente por lo que dan a los demás y por la integridad con la que viven su propósito. Valoro profundamente sus vidas.

También conocí mentores y coincidí con almas que vienen a ser luz, a sostener coherencia y a recordarnos quiénes somos.

Un umbral, no un cierre

Este año no fue un cierre.
Fue un umbral.
Una iniciación.

El inicio de los mejores años de mi vida.

Y ahora, te pregunto a ti

¿En qué parte de tu vida dejaste de habitarte?
¿Desde cuándo no te permites vivir para ti, escucharte al despertar, darte lo que necesitas sin culpa?

Si este texto resonó contigo, no es casualidad.
Tal vez tu alma también te está pidiendo volver a ti.